La historia de una madre que por amor a sus hijos le ha dedicado 21 años de su vida a barrer más de 30.240 kilómetros en las calles de la Arenosa.

Por: Valery Gómez –www.elambito.com

Con una sonrisa gigante, adornada con un diente de plata, cabello rubio y ojos claros, en la mano una escoba y en la otra un recogedor, María luce orgullosa su uniforme azul que la identifica como ‘escobita’ de esta ciudad.

En cada movimiento de su escoba, recuerda aquellos días cuando escuchaba un llanto, luego otro, y uno más. Eran sus hijos, trillizos, que le avisaban que la hora de la comida se acercaba.

María salía de su casa a buscar algo qué hacer con lo que pudiera ganarse la vida y traer algo de comer para sus niños.

Estaba sola, peleando una batalla por darle lo mejor a sus hijos. El padre de los ‘Trilli’ se había marchado antes del parto, evadiendo la responsabilidad que se avecinaba.

Aunque las personas en las que pensó encontrar refugio, le dieron la espalda, María seguía con la fe intacta, tenía tres motivos para luchar y no desfallecer.

José María, Maria José, y Angel José se convirtieron en el combustible con el que el motor de la vida de María funcionaba.

Fue así, como María encuentra una empresa que le abrió sus puertas y le dio el empleo que necesitaba para sacar a sus hijos adelante.

No había forma de salirse del rin y abandonar la pelea, el premio no era uno, ni dos, eran tres sonrisas esperando en la casa, con todo el amor del mundo, orgullosos de su madre y de lo que hacía por ellos.

Aunque no siempre fue así, aveces olvidaban los esfuerzos de su madre y bajaban su rendimiento académico. Entonces María los llevaba a acompañarla a su larga jornada de trabajo y allí entendían nuevamente el sacrificio tan grande que su mamá hacía.

Los años fueron pasando y los ‘Trilli’ fueron creciendo, mientras María barría diariamente muchos kilómetros, lo cual, en ocasiones resultaba agotador, pero al llegar a casa encontraba la mejor de las medicinas, sus hijos.

MARÍA VA RIENDO Y BARRIENDO POR LA VIDA

Esta madre, ejemplo de amor, se levanta a las tres y media de la madrugada, hace su desayuno, limpia su casa, se baña, se cambia y sale, a lo que ella llama ‘la selva de cemento’.

Es que por muchos años, María ha trabajado como ‘escobita’ de la empresa  Triple A, a la cual ama profundamente y dice deberle tanto.

Con mucha disciplina, logró reunir una cantidad de dinero y comprar su vivienda propia, un apartamento pequeño pero acogedor, en el que viven ella, Jose María y María José.

El asfalto ardiente, temperaturas de 40 grados, lluvias, arroyos y más obstáculos, no han impedido que María realice su labor, por el contrario, le han arraigado más el amor por las calles y por la limpieza.

Con una actitud enérgica, poco modesta y bastante orgullosa, María afirma que no hay muchas mujeres como ella, capaces de entregarse a un trabajo tan exigente para poder darle lo mejor a sus ‘retoñitos’.

Y es que sus hijos, hoy, a sus 26 años, no encuentran las palabras para poder describir el sentimiento de admiración, amor y gratitud que sienten hacia la mujer que los ha hecho quienes hoy son.

Incluso, para muestra de ello, José María le compuso una canción, la misma que al escucharla le resquebraja la voz a María y que se volvió el regalo más valioso que sus hijos hayan podido darle.

“le doy gracias a Dios que me engendró, en tu vientre mamá”, dice un fragmento de la canción.

EL INMENSO AMOR DE UNA MADRE

En el corazón de María no cabe más amor, se ha dedicado a amar con cada fibra de su ser a sus ‘Trilli’ y ahora abrió un pequeño espacio para sus cuatro nietos.

La última de ellas, hija de José María, lleva por nombre María, en honor a su abuela.

Con una voz nostálgica, los ojos llorosos, pero con la seguridad que siempre la caracteriza, María afirma que si pudiera devolver el tiempo atrás y aquel nueve de Enero pudiera elegir entre tener o no a sus tres hijos, lo haría sin dudar.

Lucharía nuevamente, lloraría una vez más y se enfrentaría contra todo sólo por verlos crecer felices y darles, con su ejemplo, la mejor lección de vida.

Hoy, María sigue trabajando con el mismo ritmo, añorando cada día prestar un mejor servicio a la comunidad y esperando cumplir la edad necesaria para jubilarse y por fin, dedicarse a ver crecer a sus nietos.

La historia de esta madre, luchadora y esforzada, no es más que el vivo retrato de que el amor de madre no conoce límites y de que ellas siempre encuentran la forma de hacernos felices.