Carmen Sánchez Pérez, barranquillera, de 62 años, padece cáncer de seno y debe someterse a un tratamiento,que su EPS no ha autorizado.

Por: Valery Gómez –www.elambito.com

Sentada en su terraza, mirando hacia el cielo, Carmen piensa en los días que le quedan de vida para poder disfrutar de su familia, del amor, de los atardeceres, de la brisa fresca y de la sonrisa de sus nietos.

Hace ocho años, en una cita con un médico especialista, Carmen escuchó dos palabras que destruyeron su vida por completo: “tiene cáncer”, afirmó el galeno mientras dejaba a un lado los resultados de los exámenes clínicos y tomaba la mano de su paciente para intentar consolarla después de la desgarradora noticia.

Salió del consultorio con el corazón invadido de recuerdos, pensaba en sus hijos, en tener que dejar su empleo, abandonar las caminatas junto a sus nietos y someterse a varios procedimientos sin la seguridad de que podía salvarse.

Sin embargo, al  llegar a casa reunió su familia,  sin la más mínima intención de dar un discurso de resignación, por el contrario, les dijo que se iba a someter a todos los tratamientos que estuvieran a su alcance y que no se preocuparan porque ella no estaba vencida todavía.

Años después, En una cirugía, a Carmen se le realizó una mastectomía radical en uno de sus senos, con la esperanza de que con esto el cáncer se iría de su cuerpo.

A Carmen le extirparon uno de sus senos en un procedimiento quirúrgico.

Dicha promesa, los galenos no la pudieron cumplir, pues años más tarde el cáncer hizo metástasis.

Después de ser sometida a quimioterapia, radioterapia y de tener que tomar más de ocho tabletas diarias, el pasado Diciembre, Carmen recibió la noticia de que su otro seno también debía extirparse, pues una masa cancerígena se había alojado dentro de él.

El médico le explicó que antes de la cirugía tenía que cumplir con una sesión de quimioterapia cada 21 días, tomarse los medicamentos al pie de la letra y no realizar actividades físicas que pudieran causarle inflamación.

Carmen es amante de la costura y las manualidades, cosas que ha dejado de hacer, como consecuencia de su dura enfermedad.

UNA MUJER EN UNA ETERNA LUCHA POR VIVIR

A pesar de lo trágico de la situación, Carmen es entusiasta, tomó las riendas del proceso y llevó los documentos correspondientes hasta las instalaciones de la EPS Coosalud, para que fueran ellos quienes autorizaran el tratamiento.

Lo que Carmen no imaginaba era que empezaba a pelear otra batalla y esta vez, aunque no era una enfermedad, si pondría en riesgo su vida.

La entidad de salud no entendió a su solicitud en el tiempo establecido, argumentando que es la Alcaldía de la ciudad quien debe emitir una orden para que la clínica pueda programar sus sesiones de quimioterapia.

Han pasado cuatro meses y no hay ninguna respuesta para esta paciente, sus sesiones de quimioterapia están en un proceso que parece ser eterno y sus medicamentos casi nunca llegan a tiempo.

Carmen cuenta su historia entre lágrimas, es una mujer de 62 años a quien le ha tocado trabajar duro para sacar adelante a sus hijos, pero que ama la vida y que se levanta día a día llena de esperanzas y de fuerzas para luchar.

Para ella, es frustrante que su salud dependa de unos documentos, de una entidad que no siente propio su dolor y que simplemente le dice que debe tener paciencia, mientras pasan los meses y las posibilidades de vivir se agotan.

UN DÍA MÁS, UNA NUEVA ESPERANZA

Se levanta en la mañana, se baña, se cambia y se sienta en un sillón buscando algún oficio que ocupe su mente y que por un instante, no recuerde que la muerte está al acecho.

Encuentra en el tejido un punto de escape de la cruda realidad

Se le pasan las horas tejiendo algunas piezas para sus nietas y cuando la noche se acerca se le arruga el corazón, tan sólo al pensar que mientras duerme el reloj marcará la hora exacta en que su vida termine.

Hace pocos días, una llamada parecía terminar con la angustiosa espera, era un mensaje por parte de la EPS Coosalud en el que decían que ya podía ir a la clínica y ponerle fecha a las sesiones tan esperadas.

Pero para sorpresa de Carmen, al llamar a la Clínica le dicen que en el sistema no está reflejado ningún avance en su proceso y que debía dirigirse nuevamente a su EPS o a la Alcaldía.

 

La familia de Carmen se aferra a ella, quieren verla con vida y sueñan con poder superar esta dura prueba, además de que confían que en algún momento el panorama va cambiar.

 

Audio, nieta de Carmen.

Dicen por ahí que cuando el cielo está más oscuro es  porque el amanecer se aproxima, es justo en ese momento en el que transcurre el día a día de Carmen, cada día el cielo se torna más turbio y aunque las esperanzas siguen intactas, las fuerzan se van agotando.

 

Sentada en un mecedor, vestida con una blusa blanca de puntos rosa y una falda roja. En la pared inmediata a la entrada de su casa tiene varias fotos de sus hijos y sus nietos, como un recordatorio de que tiene por quién vivir y que el amor de ellos es lo que la reconforta.

Carmen guarda una estrecha relación con su familia.

Hoy, Carmen suplica en medio de un llanto incontrolable que le den lo que ella necesita, pues quiere ver crecer a sus nietos, llevarlos al parque, tejer para ellos y sentarse a hablar largas horas con su hermana, su hija y su sobrino.

Para Jorge Luis Meza, sobrino de Carmen, es impotencia todo lo que siente en este momento, si en sus manos estuviera y contara con los recursos necesarios, habría dado todo lo que tiene por la salud de su amada tía, la misma que durante años lo ha aconsejado y le ha brindado tanto amor.

Y es que el cáncer no sólo enferma a quien lo padece, seguramente su familia también se levanta adolorida cada mañana, es un dolor profundo que carcome muy adentro, que no se cura con ningún medicamento y que sólo una noticia positiva puede aliviar.

Mientras cuenta los obstáculos que la vida le interpone, Carmen confiesa que se siente desolada, poco a poco va perdiendo la fe y su voz se resquebraja narrando su dramática historia.

La familia de Carmen intenta curar con amor todos sus malestares.

No hay palabras suficientes para describir el amor que se siente por un ser querido, al igual que no existen límites, cuando de luchar por la vida de esta persona se trata.

A la familia de Carmen no le queda más que pedir, suplicar e implorarle a su EPS que entiendan que el tiempo no está a su favor y que no se puede tener paciencia cuando se siente que la respiración se entrecorta y que el dolor aumenta con el pasar de las horas.